Sabía que había personas muy
distintas, que no todos pensábamos igual ni actuábamos de la misma
manera. Hoy simplemente descubrí que yo había cambiado mucho. Nunca
había defendido la violencia, me parecía despreciable; de locos.
Sin embargo, el otro día, cuando un chaval se me acerco con aires de
superioridad, riéndose de mi en la cara, tuve unas ganas de
propinarle un tortazo que no quedaron en el intento. Le pegue, le dí
con todas mis fuerzas y no tuve remordimientos. Y ahora... No sé que
siento, se que no quedará así, que por esa tontería me dirán más
cosas, porque soy tonta, hago tonterías y la gente no las olvida.
Cavo un agujero gigante, cada día más hondo y tengo el
presentimiento de que será para mí. Que es mi tumba. Debería estar
arraigada en estas tierras en las que he nacido y he empezado a
crecer, pero me estoy ahogando y empiezo a pensar que la única forma
de escapar es buscarme un lugar al que realmente pueda llamar hogar,
mi hogar.
Pero... ¿no estaba ya en él? ¿no me
levantaré un día y diré hice bien en aguantar en esta tierruca
donde los recuerdos están por todas partes, tantos buenos como
malos?
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