Cada vez suspiro más, no hay forma de
evitarlo. Me llevo las manos a la cabeza y me pregunto si esta
sociedad es normal, ¿soy yo la que está fuera de lugar?
De pequeña me llamaban defensora de
causas perdidas y tenía su gracia. Tenía la extraña costumbre de
ponerme en el lugar de los demás y defenderlos a capa y espada, aún
sabiendo que ellos jamás moverían un dedo por mí.
Intentaba pasar desapercibida y sin
embargo, quería que me oyesen. Nunca entendí que ambas cosas eran
imposibles.
Como toda persona con opinión e
ideales aprendí a escoger y muchas veces tuve que elegir estar sola
que mal acompañada. Esto era muy difícil, he de admitirlo.
Me sobraba carácter y orgullo. Intente
muchas veces reprimirme y morderme la lengua, quizá es por eso que
hoy escribo.
No nací de natural sumisa, nací para
coger el toro por los cuernos.
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