Hoy he vuelto a ver el dolor en los
ojos de una joven. No tenía nada, las fronteras que nosotros mismos
hemos construido la separaban de todo. Por aquellas rejas con
cuchillas sus padres habían perdido la vida.
No hay nada más injusto que esto y a
pesar de ello, de verlo en los telediarios o en primera persona no
decimos nada. No hacemos nada.
¿Por qué?
Sencillo, hemos nacido del lado de las
comodidades en el que la empatía es un defecto que unos pocos
tienen.
Una sociedad consumista llena de esnobs,
pijos y hijos de papá que no miran nada más que por sus intereses.
¿Y sabéis qué? Estoy empezando a
pensar en que somos incorregibles, no tenemos remedio y los que mejor
estamos somos los que más merecemos estar en el lugar de los más
desfavorecidos.
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