Hay un momento en la vida que te
sientes desamparada, odiada. No has hecho nada malo, has sido tu
misma, te has mostrado sin tapujos.
Se han reído de ti, de tus sueños, de
tus anhelos...
Han criticado tu forma de pensar y
vestir e incluso en ocasiones han dicho que les das asco.
Quien más o quien menos te ha
intentado cambiar, convertirte en aquella persona que quieren a su
lado. A veces te has dejado cambiar.
Pero como he dicho llega ese día en el
que piensas quién te rodea, quién te quiere, quién te defendería
y te das cuenta de que nadie daría su vida por ti, aunque tú por
muchos lucharías hasta que te faltaran las fuerzas.
Y te sientes vulnerable, porque has
compartido una parte de ti con ellos y ellos no la han sabido
valorar, porque tu has crecido como persona con ellos y...
Ahora te das cuenta de que estarías
igual de sola si te mudaras al extranjero, porque los mejores
momentos de tu vida son con gente a la que no importas y nunca lo
harás.
Y no es solo ese sentimiento el que te
rodea, sino también uno de angustia, porque eres una
pieza de un gran puzzle y pareces no encajar en ningún sitio y
empiezas a pensar que no perteneces a ese lugar, que eres de otro
puzzle y que deberías desistir en ello.
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