La noche con su aroma de tristeza
inunda el ambiente cargado, por un día de lo más movido. Dentro de
la inocencia que hasta hace nada creía que me envolvía, he
encontrado rencor por quienes me rodean, o rodeaban, y que nunca
llegaron a entenderme en realidad.
Todos erramos como buenos seres humanos
que somos. En el fondo y muy a nuestro pesar solo miramos por
nosotros mismos, por nuestro bienestar.
Tenemos una naturaleza egoísta que es
imposible de combatir más que con empatía. Pero...
Todo lo bueno se queda en el papel, en
las palabras, en el pasado.
Tengo un orgullo tan grande que no creo
que se pueda medir, mis ansias de cariño se multiplican con la
sensación de que es imposible alcanzar a esa persona y cuando al fin
abro los ojos ya es tarde. Ya me he dado de bruces contra la pared y
sufro las consecuencias de fijarme en quien no debo.
Ya no creo saber coger cariño a la
gente porque igual que viene se va, reemplazo en menos de una semana
lo que me hacía sentir viva por algo que me permite vivir.
Que cada día es más difícil salir a
la calle sin encontrar a alguien utilizado por el mero hecho de poder
y saber hacerme reír.