martes, 13 de mayo de 2014

Un hombre de otro tiempo

Sus pestañas era delicados puentes que te llevaban a la calma, un océano azul que terminaba en una pequeña pupila.
Sus finos rasgos te embelesaban hasta que llegabas a su tronco, un lugar definido donde las manos perdían el control. Quizás no debiera seguir describiendo tal perfección pero he de añadir que los pequeños detalles eran casi más importantes que los rasgos generales.
Su nariz estaba tallada bruscamente, y aunque esto en numerosas personas queda burdo y estropea cualquier signo de belleza, en él solo lograba acentuarla aun más.
Su edad era un misterio que ni las damiselas que le rodeaban conocían, el enigma le envolvía.
El nombre de este truhan, que arrancaba más corazones que un arado hierbas, empezaba por una consonante que recordaba el siseo de una serpiente.
Sus orígenes se remontaban a una importante extirpe, no muy lejos de la corona que él, sin embargo, odiaba.