Nunca había creído en que una sombra
llamada destino, nos siguiera y nos obligaba a elegir lo que ella
estimaba oportuno para nosotros.
Jamás había tomado la consideración
de tomar en serio esta posibilidad.
Pero esa mañana todo encajo, abrí los
ojos y me deje llevar y sin pensar empezó a transcurrir mi día.
Todo era un cúmulo de casualidades que
me acercaban a ti. Entonces supe que aquello no eran casualidades ni
imaginaciones mías; era más poderoso, había un lazo que nos unía.
Este lazo le llaman destino y aunque
intente por todos los medios deshacerme de él, no lo conseguí, era
imposible.
Así que, como todos hacemos, me rendí
y me deje llevar por las circunstancias que eran inevitables.
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