Llevo todo el día mirando el teléfono,
esperando un mensaje que no llega, se que está conectado, que está
hablando con alguien y que no soy yo. Intento ocultar mi
desesperación, estoy aprendiendo día a día que desear algo es
malo. Ver a tanta gente enamorada me había hecho desear ser una de
ellas, sin embargo, ahora ya no lo veo tan claro.
Encontrar la horma de tu zapato es a
veces muy irritante. Llega un momento en el que la perfección hace
que te entren ganas de chillar y correr.
Correr sin rumbo, sin mirar atrás y de
este modo olvidar todo.
Porque sólo de este modo las mariposas
que atormentan tu estomago se callan, porque de esta manera dejas de
temblar y vuelves a ser quien eras.
Una persona ruda y solemne, una persona
a la que machacaron y destruyeron sus sueños, una persona que oculta
sus sentimientos por miedo al rechazo, una persona tan única como
débil.
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