Isabel era una mujer constante, atrevida, emprendedora. Un
tipo de mujer que hoy y siempre han escaseado.
Pero como a toda mujer la llego un día en el que tuvo que
elegir, ser madre y dedicarse en cuerpo y alma a ello o seguir su vocación y
poner en primer lugar su puesto de trabajo.
Habrá quien piense que ambas son compatibles, que si su
marido y ella se sacrifican un poco podrán ser grandes padres y trabajadores.
Pero es mentira. Isabel había crecido en un pequeño
pueblecito y fue la primera graduada en la universidad de su familia. Un gran
logro.
Su madre, nunca había trabajado desde que se casó y cuando
esta lo hizo su marido quiso que hiciera lo mismo. Ella luchó con uñas y
dientes, no lo permitiría. Pero su marido quería que fuese así, que educase a
los niños y llevase la casa. Es decir, que hiciese los trabajos de mujeres.
Parecerá una desfachatez pero así fue. Pero
como dije Isabel era atrevida y no permitió que ni el hombre al que
quería la mangonease.
Ella siguió trabajando, aunque no renunció a ser madre. Tuvo
un varón en primer lugar y más tarde una adorable niñita.
Cuando su hija se hizo mayor y se dispuso a estudiar una
carrera, preguntó a su madre el por qué escaseaban las mujeres en los altos
puestos y está a contesto con su sabiduría.
Una mujer siempre pone por delante a sus hijos que al
trabajo, al fin y al cabo los has parido y un hombre… Ninguno puede sentir el
vínculo que sientes al tener nueve meses a esa criatura creciendo en tu
vientre, no digo que no quieran a sus hijos, pero es un amor distinto. Quizá
sea por la generación que he vivido pero los hombres aparte de que son muy
machistas, piensan que solo las grandes tareas están hechas para ellos…
No comprenden que la mayor tarea es ser madre y cuidar a tu
hijo día a día, pasar noches en vela cuando está enfermo y estar orgullosa
cuando hace algo bien…
Cuando seas madre lo entenderás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario