Quien diga que el amor no es razón suficiente para morir, para entregarlo todo, es que nunca ha amado. Por ello, con tristeza por no encontrar otra solución, me quito lo que Dios me dio, para de este modo demostrar lo que no me atrevía a decir. Y es que él era mi vida y ahora que me lo arrebataron, no encuentro motivos para hacerle esperar. Siempre juntos, da igual el lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario